
Piensas que no eres nadie. La realidad te lo corrobora. Pero sigues vivo. Te ves en los espejos, luego no eres un vampiro. Nada fantasmal. Te pinchas y sale una gotita de sangre. A veces quieres exprimir tu cabeza para que salga algo fantástico. Y sólo obtienes esto.
Quieres que se oiga tu voz, pero luego te da vergüenza. Y sientes un cosquilleo, no sabes decir muy bien dónde, pero ahí está. Dando vueltas y vueltas, tan difícil de definir que luego lo olvidas. Como si no hubiera existido.
Y luego está tu mirada, que imaginas que atraviesa a cualquiera. Y tan dura que deshace voluntades, congela movimientos. O sólo lo pretende, en un vano intento.
Los ojos de los demás apenas te ven. Llega la noche y después los sueños.
Y después la nada.
17 de Noviembre de 2010
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